- ¿Qué es el suelo radiante?
- ¿Cómo funciona el suelo radiante?
- Ventajas del suelo radiante
- Tipos de suelos radiante
- Combinación de suelo radiante con aerotermia
- Ahorro suelo radiante
¿Qué es el suelo radiante?
El suelo radiante es un emisor de baja temperatura que funciona gracias a la canalización de agua mediante un sistema de tuberías que se instala bajo el pavimento de la vivienda, local o negocio. De esta manera, el suelo se convierte en gran emisor térmico que funciona de forma homogénea aumentando el confort.
El suelo radiante es la alternativa más eficiente a los sistemas de calefacción tradicionales, ya que genera un menor consumo, proporciona mayor confort y es más respetuoso con el medio ambiente.

¿Cómo funciona el suelo radiante?
El suelo radiante es un sistema de calefacción que funciona mediante la canalización de una fuente de calor debajo del suelo. Este sistema emana calor de forma homogénea gracias a una red de tubería plásticas o, en su defecto, cableado que se instala bajo el pavimento de la vivienda o local de negocio.
El principio básico del suelo radiante es la impulsión de agua a baja temperatura en torno a los 40ºC en invierno y a 15ºC en verano.
Estos circuitos se instalan sobre un aislante térmico y quedan recubiertos por una fina capa de mortero que será la encargada de conservar la energía térmica recibida para posteriormente, ir liberándola de forma progresiva, inercia térmica. La calidad del mortero, su espesor, o su correcta distribución, serán determinantes para obtener una inercia adecuada a nuestras necesidades.
El sistema de suelo radiante tiene una inercia térmica muy elevada, esto significa que tarda más en calentarse que los radiadores tradicionales, sin embargo, seguirá emitiendo calor durante un determinado periodo después de haberse apagado.
Al existir una red de tuberías bien distribuidas bajo el suelo, se consigue una uniformidad del reparto del calor evitando asimetrías, es decir, zonas más calientes o más frías que otros sistemas sí pueden generar.
La forma de calentar de este sistema de calefacción, proporciona un elevado confort. Como el calor proviene del suelo, éste no se pierde en la parte alta de la habitación, contribuyendo a mantener una temperatura agradable durante más tiempo.
Para evitar condensaciones de agua bajo el pavimento, se suelen instalar sondas de control que evitan suelos demasiados fríos.
Ventajas del suelo radiante
Ahorro energético.
El suelo radiante funciona con agua a baja temperatura y con un caudal mínimo, lo que genera un consumo eléctrico bajo, un rendimiento muy elevado y por tanto, un importante ahorro en la factura de la luz de los usuarios. Si además, lo combinamos con otras fuentes de energías renovables, el ahorro se incrementa aún más.
Confort elevado.
Los sistemas de suelo radiante ofrecen una distribución de calor homogénea en todas las estancias de la vivienda o local. Esta uniformidad aumenta considerablemente la sensación de confort, mucho más alta que en otros sistema de calefacción tradicionales.
Refrigeración.
El suelo radiante es capaz de generar frío si se aplica en sistemas como la aerotermia o geotermia, y estos cuentan con una bomba de calor inverter capaz de revertir el proceso de generación de calor para climatizar el inmueble en verano.
Saludable y seguro.
EL sistema de suelo radiante ofrece una seguridad muy elevada ya que la instalación queda completamente cubierta. Asimismo, es una energía saludable porque no contribuye a la creación de corrientes de aire, por lo que se reduce el polvo y la baja humedad que evita la proliferación de ácaros.
Es un sistema de calefacción recomendado por la OMS.
Respetuoso con el medio ambiente.
Al requerir un menor consumo eléctrico se reducen las emisiones de CO2. Cabe recordar que el sistema funciona con agua a baja temperatura, en torno a 35 o 40º frente a los 70-90 ºC que requieren otros sistemas de calefacción tradicionales.
Silencioso e invisible.
La instalación del suelo radiante no genera ruidos ni corrientes de aire.
Al instalarse bajo el pavimento, se elimina la presencia de radiadores y equipos de aire acondicionado, incrementando el espacio útil de la vivienda y la estética de la misma al no haber ningún elemento a la vista.
Rápida amortización.
En comparación con otros sistemas de calefacción, la inversión inicial de la instalación es alta, pero si tenemos en cuenta su reducido consumo eléctrico, hasta un 30% menor al funcionar a baja temperatura, el retorno de inversión se produce a corto plazo.
Sencillo mantenimiento.
Los materiales empleados para la red de tuberías son muy duraderos y con una larga vida útil.
Para que el sistema ofrezca la máxima eficiencia como el primer día, será necesario una revisión periódica o preventiva de la caldera o bomba de calor, el caudal y comprobar el correcto funcionamiento de las válvulas y resto de piezas que conforman el sistema.
Tipos de suelos radiantes
Combinación de suelo radiante con aerotermia
Cada sistema de forma independiente genera un gran ahorro de energía, por lo que si los combinamos nos estamos beneficiando de ambos a la vez y además, del confort que generan los suelos radiantes que distribuyen el calor o frío de una forma más homogénea, silenciosa y estable a todos ambientes.
Si bien la instalación de ambos sistemas requiere de una gran inversión inicial, se amortizan en unos años con el ahorro del consumo energético, y además nos evitamos tener que mantener, reparar o sustituir la caldera, los radiadores y los equipos de aires acondicionados, al poder prescindir de ellos.
Y no debemos olvidarnos de otra cuestión que no es menor viendo los efectos del cambio climático, que es nuestra colaboración con el medio ambiente al emitir menos CO2 a la atmósfera.
Ahorro suelo radiante
Los sistemas de agua caliente de suelo radiante, tienen una menor pérdida de eficiencia. Los sistemas tradicionales de impulsión la temperatura del agua funcionan a 80-85 grados, lo cual consume mucha más energía que el suelo radiante en la que el agua está a baja temperatura, pero de forma constante entre los 30 y 45 grados. Con lo que se consigue un ahorro entre el 10 y el 20 por ciento.